Nuestro acontecer comienza, con la primera respiración, que nos hace independientes y nos enfrenta a asumir la vida fuera del vientre materno. Es el momento de transición trascendental de todo ser humano, es la impresión del inicio que se grabará por siempre en nuestro existir.

Una vez que iniciamos el ciclo respiratorio no lo podemos detener, hasta el momento que por voluntad divina se nos llame a trascender éste mundo. Siempre estamos respirando, es un acto inconsciente e involuntario que nos sustenta la vida, nos alimenta y nos mantiene.

Si hacemos que nuestra respiración se torne consciente y conectada, entramos en un campo de liberación emocional que puede lograr que muchos de los pensamientos limitantes que hemos integrado a nuestro patrón de vida, sean exteriorizados, integrados y trascendidos. No es un axioma nuevo, ni un paradigma inventado en los últimos años, ya la cultura sufi en tiempos inmemorables decía “ La respiración es la responsable de que confluyan los atributos divinos desde el corazón a la mente, al cuerpo y al alma. La respiración crea armonía y equilibrio de los temperamentos del cuerpo. Es el regulador de la alegría, la tristeza, el placer, la ira, los celos y todas las emociones”.

De ésta manera podemos ver en la respiración una herramienta terapéutica de alcances inimaginables.

El Renacimiento se vale de la respiración para realizar un proceso de consciencia y conexión de la energía de cada ser a su través, logrando de ésta manera que el individuo “renazca”, que no es más que el proceso que lo lleva a que contacte con su origen divino y deje a un lado el ego que enmascara todas las cualidades que lo alejan de la conexión directa con su hacer y con su misión de vida.

En la literatura podemos encontrar como diversas corrientes le dan a la respiración un lugar preponderante y primordial como vía de sanación “ Cada respiración supone una expansión inconmensurable de océanos y, a la vez, un minúsculo florecimiento de luz camina hacia su origen. Tal es así que, cuando la consciencia se percata de ello, los límites del espíritu se acrecientan en cada respiración y, paulatinamente, aparecen las señales que ponen en evidencia la inconmensurable dimensión del ser. Mientras, el ser observa cómo una minúscula parte de su albergue de luz sigue el sentido retrógrado de la misma”.

La cantidad y calidad de la respiración tienen un efecto directo y definitivo sobre la salud del individuo. La Medicina Tradicional China denomina al pulmón “ El maestro de la energía”, ya que él es el vehículo necesario para que el pragna llegue a todo el organismo.

El embarazo es la condición divina que la Providencia nos regaló a las mujeres; durante esta etapa el bebé permanece en el claustro materno nadando, transitando, creciendo y nutriéndose en el torrente de sentimientos y vivencias que enmarcan el acontecer de la madre. De ahí que la comunicación y la entrega a la vivencia del embarazo sean de suma importancia; el comunicarse desde el inicio con el bebé y el expresar, liberar e integrar los diferentes sentimientos que vive y revive la mujer durante todo este período.

La evolución del embarazo hace revivir a su paso el proceso de gestación de cada mujer; la embarazada vive su rol de futura madre y revive su rol de bebé in útero y en proceso de nacimiento, es por eso que la etapa de embarazo, trabajo de parto y parto es un período de gran susceptibilidad para el binomio madre-hijo y requiere de todo el apoyo y comprensión de las personas que rodean a la gestante.

En todo éste proceso, el renacimiento es una herramienta de gran ayuda, porque permite que la mujer a través de la respiración consciente y conectada integre todos los sentimientos que está viviendo, e incluso puede llegar a conectar con su propio nacimiento (volver a nacer-renacer) y darse cuenta de lo que significó éste para ella.

El nacimiento es el momento en que el ser inicia su primera respiración para hacerse independiente de mamá, es un proceso de transición trascendental en la vida de todo ser humano, que se marcará y determinará muchas de las actitudes de enfrentar los acontecimientos de la vida; es un momento único e irrepetible en que todo es nuevo y se grabará en la cinta virgen del inconsciente de ese nuevo ser, de modo que, la manera como se nace determina en mucho la actitud futura de ese bebé ante la vida. De ahí la importancia de recobrar la parte natural y apacible de cada nacimiento, tratando de que esa primera vivencia, esa primera respiración, se realice en un ambiente de recogimiento, respeto y amor.

Volviendo a la naturaleza y respetando el curso de ésta, el Obstetra no se concibe como el científico médico que analiza, decide, determina, desenlaza y concluye la gestación de la mujer; sino el ser que sin divorciarse del conocimiento médico y de los avances tecnológicos apoya, entiende, comparte y guía el rumbo natural de un proceso tan bello , tan sublime y tan importante para la madre y el niño como lo es el parto; apoyando a la mujer y dejando que ella sea la protagonista de su vivencia, aportándole todas las herramientas necesarias para que conduzca de la mejor manera la llegada de su hijo.

Vivir el embarazo a plenitud, recibir educación preconcepcional y prenatal, comunicarse con el bebé desde el inicio, integrar las vivencias que día a día acontecen en el curso de la gestación, decidir en pareja y con el apoyo del Obstetra la mejor manera de realizar el nacimiento, respetar el curso natural del mismo y dar la bienvenida a ese nuevo ser en un ambiente de amor y recogimiento, harán que tengamos niños más saludables física, emocional y espiritualmente.

Dra. Dhynora Castellanos
Médico Gineco-Obstetra
Renacedora profesional